Discutir delante de los hijos

La presencia de los hijos en los conflictos entre los padres llega a ser un factor de riesgo importante en la aparición de problemas de conducta. Una de las consecuencias más directas es el ejemplo que les ofrecen los adultos a la hora de resolver conflictos entre ellos.

Los hijos e hijas expuestos a frecuentes conflictos y peleas entre sus padres tienen más probabilidad de aprender el comportamiento agresivo como forma de resolver los problemas, generalizándolo a las relaciones sociales con personas de otros ambientes de su día a día, como la escuela.

Los conflictos entre los padres afectan por igual a hijos e hijas, influyendo más a los adolescentes que a los más pequeños. Desde que son pequeños debemos enseñar a los niños a resolver los conflictos con otras personas a través del lenguaje, expresando sus sentimientos con frases adaptadas a su edad. A pesar de que los niños menores de tres años solucionan los problemas a través de empujones y golpes debido a su estadio evolutivo, tenemos que empezar a enseñarles con frases cortas y claras cómo pueden solucionar los problemas verbalmente. “No me gusta”, “Me has hecho daño”, pueden ser algunos ejemplos que sirven para verbalizar en el momento lo que sienten cuando otro niño les agrede.

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